VALDELACASA-SALAMANCA

RELATO DE UN ENTRAÑABLE NONAGENARIO: Agricultura del municipio de Valdelacasa. Explotación del minifundio.

Dionisio Moreno Pérez 

   La situación geográfica del pueblo de Valdelacasa es la siguiente: Está situado en el sur de la provincia de Salamanca a diez quilómetros del pueblo de Guijuelo y dieciocho de la Sierra de Béjar.

    El clima que tiene es frío por estar a una altura de (950 m) sobre el nivel del mar.
    
Los cultivos que se le hacían a la tierra para sembrar los cereales como el trigo, cebada… y otros cereales fueron los siguientes: primero el pueblo se dividía en tres hojas (tres partes o zonas –método antiguo que consiste en ir rotando los diferentes cereales), una la del trigo, otra la de las algarrobas, centeno, avena, cebada… y la tercera se dejaba baldía (en descanso),no obstante se le realizaba distintas labores para prepararla para sembrarla al año siguiente, se le daba el nombre de barbecho.

     En este barbecho la primera labor que se le hacía en el mes de noviembre se denominaba hender, arromper, o alzar el cerro (surco) que había quedado marcado de la siembra del año anterior, en estos mismos campos en el mes de febrero se le daba otra arada o hendida a los surcos realizados en la primera labor.
    
Por último a primeros de junio se le daba la tercera arada o abinado, que se realizaba al revés y cruzando los cerros (surcos o caballones) muy juntos para que la tierra quedara movida, labores realizadas con el arado romano de madera y rejas de hierro, o vertedera para voltear mas la tierra, posteriormente.

     
     En septiembre se les agregaba el estiércol de origen ganadero, unas veces se llevaban el ganado a las fincas por lo general ovejas, que se las dejaba durante unas noches en el redil o cañizos, otras veces se llevaba el estiércol de los pajares o pocilgas de los demás animales vacas y cerdos, y aquellos labriegos que no tenían animales domésticos utilizaban productos químicos como amoniaco o amonitro, y después se realizaban los surcos para dejar las fincas preparadas para la siembra.
    
    
En octubre se sembraba el trigo por el método de “voleo”, es decir, se esparramaba los granos con la mano a una distancia aproximada de seis o siete cerros (surcos) a la ida y otros tantos a la vuelta, detrás de la siembra se hendía el cerro con el fin de dejar tapado el grano y sembrada la tierra.
    
Pasados unos siete u ocho días se le pasaba una rastra de madera con el fin de caerle un poco la tierra del alto del cerro para proporcional que el grano naciera mejor y antes, y por último ya en noviembre se le daba un arique, - pasar el arado entre dos surcos con los orejeros muy cortos para no tapar la planta de trigo, y quedar más libre de la mucha humedad del invierno. Más tarde en abril se le derramaba un nuevo abono mineral – cubierta o amonitro – (derivado del amoniaco), y se le daba un segundo arique para subir un poco el abono del fondo de los surcos y matarle un poco la incipiente hierba.
     Esta era la última labor que se le daba con el arado romano, porque el trigo se hacía muy alto y los animales ya no podían entrar, pero se le hacía otra a mano pisando por el bajo del cerro y se le arrancaban las malas hierbas esta faena se denominaba escardar.

    En julio se secaba y se comenzaba a realizar las labores de recolección, se segaba a la antigua usanza con hoces de acero, cada segador cortaba la mies de dos cerros y depositaba la mies en gavillas mana a mana (cantidad de mies que cabe en la mano), detrás de los segadores iban los rapaces juntando estas gavillas en haces.

 

     Por último se acarreaban los haces en carros para depositarlos en las eras -que por lo general estaban cerca del pueblo- para trillarlo. 

     En la era se esparramaban los haces, se desataban y se extendía la mies formando parvas lo mas grande posible para que se calentara lo máximo y los animales que tirasen de los trillos anduvieran mejor.
    
Los trillos - por lo general - eran de madera, se les hacía por debajo unas pequeñas aberturas donde se les ponían “pernalas “(piedras de cuarcita o materiales muy duros y resistentes) con caras muy finas y cortantes, también llevaban unas sierras de hierro colocadas en diferente sentido, para triturar la mies, cuando la capa de arriba de la parva estaba suficientemente trillada (cortada) se le daba la vuelta, estas vueltas se repetían las veces que fueran necesarias.
    
Los trillos eran arrastrados por animales: bueyes, vacas, caballos y burros.

          Cuando ya la paja de la mies estaba muy triturada y el grano ya estaba suelto se recogía y se hacía un muelo largo para limpiarlo – es decir- separar el grano de la paja.

     La limpia se realizaba con “bieldos” – utensilios de madera con cinco o seis “gajos” (puntas cortas y anchas de madera, un mango de madera de un metro aproximadamente) que se les ponían en un palo trasversal muy ajustados- tirando la paja y grano contra el viento que separaba a ambos quedando el grano cerca y la paja más lejos. El grano se juntaba y se aventaba con una pala de madera cuadrada, además se acribaba para quitarles maleza piedras… posteriormente se llenaban los costales (sacos) y con el carro se llevaban a la panera o “troje”.
    
La paja se acarreaba posteriormente -cuando se hubiese terminado toda la faena de trilla y limpia-,a los portales (pajares) para alimento de los animales, todos estos trabajos y labores con la ayuda de los animales, el carro y el arado romano se consiguieron realizar durante muchos milenios.
 

 En Valdelacasa hay otros productos de secano variados debido a las características físicas y climáticas, el pueblo posee un valle de aproximadamente cinco kilómetros de largo por dos de ancho y unas montañas bajas seguidas de unos tres kilómetros de tierras al saliente.
     
     Este valle hace aproximadamente unos cinco siglos o más fue de un duque que vivió en un castillo en la pequeña ciudad de Béjar, aquí en el valle solo había una pequeña casa en la cual vivía el vaquero del duque cuidándole el ganado que llegó a tener, esta pequeña dehesa se llamó en aquellos años Valle de la Casa y por eso seguramente al fundarse el pueblo le dieron el nombre de Valdelacasa. Los descendientes del duque debieron vender este terreno a los pueblos más cercanos que tenían más antigüedad y al quedarle lejos para ir a trabajar los campos debieron empezar a edificar viviendas poco a poco, hasta conseguir hacer un pueblo que hoy en la actualidad sólo tiene 330 habitantes aproximadamente, llegando a tener en el siglo XIX uno 1.400 antes de la primera emigración masiva.
    
     Una vez hecho este alto en el relato de la agricultura minifundista y de secano retomo el hilo con otros productos: la cebada, los garbanzos, patatas de secano, sandías y fresas se sembraban en una zona colindante a la dehesa del duque de Béjar terreno muy productivo. Se les daba las mismas labores aproximadamente que al trigo.

En las montañas – montes más bien – en la parte del saliente se tuvo siempre sembrado viñedo, que llegó a producir bastante. Cada vecino poseía –por lo general – su lagar y sus toneles para cosechas los caldos que llegaron a ser en los mejores tiempos, muchos miles de cátaros-barricas o “damajuanas”- de licor. En las viñas y huertos había higueras, cerezos, manzanos, nogales, perales, membrilleros, guindos,… En la parte de la dehesa que no se sembraba se mantuvo el prado como explotación ganadera.

Las dos hojas restantes que se siembran están en el término de dos o tres pueblos cercanos que se llaman: Fuenterroble, Los Santos y Valdefuentes y un poco de otro llamado Valverde. Estos pueblos tenían mucho término y fueron vendiéndolo y Valdelacasa escaso en término se lo fue comprando.

Ahora expresaré lo que el pueblo siembra de regadío, en huertas, en este campo siembra muy pocas hectáreas porque no tiene el pueblo rio, sino dos pequeños arroyos que se secan a últimos de junio pero se hicieron muchos pozos de tres a cinco metros de profundidad, muy bien empedrados pero con dificultad para sacar el agua, asta que llegaron las norias y los motores de gasolina, se sacaba el agua a mano con los cigoñal (zangaburra) romanos o árabes más bien.


     Eran de madera con tres piezas, una la horca (de forma de Y griega) otra un palo largo con un punto de apoyo en la Horca, – el volandero – en la parte de abajo del volandero se coloca una piedra de contrapeso, y la otra el denominado el varal de donde se colgaba el caldero.
     Con este método tenían que ir dos personas para regar, uno sacaba el agua y el otro regaba, y luego se turnaban de puesto porque era muy trabajoso.
     
     Para hacer esta siembra de hortaliza, el terreno se labraba bien con las parejas de vacas, después de abinarlas (una segunda arada) se le pasaba una rastra de los terrones para triturarlos y detrás se le hacían los cerros con el arado como labor última, el resto de los trabajos se le hacían a mano.

     La siembra de las patatas: cuando los cerros estaban hechos, se cortaban canteros de una determinada longitud, de 1’80 0 2 metros, realizándose con la azada un pequeño surco, para que el agua de una punta del cantero llegara a la otra y se le daba el nombre de”madre”.
     Una vez cortados todos los canteros con sus madres ya marcadas se colocaban las patatas en el suelo, en los surcos de los canteros, se hendía un surco si y otro no tapando las patatas, esta forma de siembra se denominaba siembra a tablero, a los diez días aproximadamente se le pasaba una rastrilla cayéndole un poco la tierra de encima piedras o terrones así como quitarle la costra si ha llovido los días anteriores.
    
Al pasar otros días más se le hacía una labor que se llamaba aricar, era hender el cerro que no se hendió cuando se sembraron, al henderlo se esparce la tierra para las dos partes y la hierba que empieza a salir se pierde, pasados otros diez días después que las patatas ya están con unos centímetros de altas se le daba con la arada otra labor que se denomina “escabechar” (arreglar los surcos quitándole las malas hierbas).
     En junio se le daba el primer riego, y después se le daba otra labor con la azada que se denominaba – dar tierra – que consistía en subir la tierra del fondo de los surcos para hacerlos más profundos y así los surcos hacen mayor cantidad de agua en el próximo riego, con esta labor se terminaba ya que después las plantas de las patatas se hacían muy grandes.
     El número de riegos seguía hasta que se secaban, por el 15 o 20 de abril se sembraban para librarlas de los hielos, el estierco que se le echaba era de los animales y el que no tenía con el de las ovejas de los pastores.
    
     Otros productos de huerta se sembraban igual como las cebollas, tomates, pimientos, lechugas, alubias, pepinos, y varias hortalizas más, también se sembraba maíz como forraje para el ganado.
     Para esta labranza los aperos que se necesitaban era el arado romano, el cigüeñal, el carro para llevar el estiércol, la azada, la rastra de triturar los terrones y la rastrilla. 
    
     En el secano también se cultivaba el viñedo, del 20 al 30 de abril se podaban las cepas a tijera, que consistía en cortar los sarmientos que sobraban, dejando sólo los 10 u once mejores de donde brotaban los pámpanos (brotes nuevos), de donde colgarán los futuros racimos de uvas.

     Los sarmientos cortados se recogían del suelo y se hacían haces pequeños retirándolos para hacerle las labores sin que estorben.
     La primera labor se realizaba con la azada si la viña era pequeña, si era grande se realizaba con una caballería, caballo, mulo o burro, o pareja de vacas (si la finca era muy grande), y el arado; esta labor se denominaba “abrir las parras – vides-“ que consiste en hacerles un hoyo alrededor de la vid sacándole la tierra para arriba enterrando las hierbas que ya tienen, y a la vez si llovía se llenaba el hoyo de agua y se filtraba para abajo y no se escapaba finca a bajo, consiguiendo mayor humedad.
     Esta labor sólo se le hacía a las que se labraban con la azada, que de la totalidad se realizaba a dos terceras partes, viñedos pequeños o grandes que no se trabajaban con yuntas de bestias.
     La segunda labor se realizaba a últimos de mayo se llamaba “cavar las parras -vides-“, que consistía en ir cavando toda la finca bien hondo moviendo la tierra, en las fincas mayores se realizaba un abinado, con mulo, caballo o pareja de bacas, otras veces al cavarlas se hacían montones a cierta distancia unos de otros con el fin de que pasado un tiempo prudencial se iba a extender estos montones para tapar la posible hierba que iba sobresaliendo.
     Otra faena era el “sulfatado” con el fin de que no se encenizaran, se les echaba a últimos de abril y la segunda a último de mayo.
     Con el fin de atacar la enfermedad del video se volvía a sulfatar la planta cuando las hojas ya eran grandes.
     La vendimia o recolección del fruto se realizaba a primeros de octubre, aunque esto depende del tiempo que haga en los meses anteriores, las uvas cortadas se llevaban a casa se pisaban en lo alto de los lagares sobre unas tablas, pasados unos 17 días aproximadamente, ya ha cocido el vino y podía sacarse, se destapaba el dicho lagar y el vino caía en el pilón, lugar que se encontraba a más profundidad que el lagar.
     El orujo-desperdicios de la uva, hollejo y palotes- se recogía en un rincón del lagar, se apretaba o prensaba bien colocándole encima unas tablas y encima unas piedras para hacer peso para escurrir el máximo de vino, se mantenía así unos días, después se sacaba y con un alambique –alquitara- se destilaba el aguardiente, el procedimiento era lento, se necesitaba echar muchas horas, ya que cuanto más lento cociera el orujo mejor y con más grados saldría el aguardiente.

En la actualidad quedan pocas viñas que merezcan la pena ser mencionadas pues no llegarán a 30.